Como un volcán que ha de expresarse o ahogarse en sus propios infiernos, ha perpetrado en mí esa hastía dependencia por nombrarte.
Tímido y distraído, atrayente sinfonía de silencios opacos y desconocidos.
Escribí cuando todavía estaba a salvo pero me dejé llevar entre las rimas del poema trazado y ahora estoy perdida entre sus versos.
Escribo pues habiendo sobrepasado el subsuelo y alzado el vuelo, esperando que la caída no torture demasiado a mis cabellos, que están cansados de erizarse con cada ráfaga que respiro de aire sentido y alado.
Escribo pues para matar al tiempo y enterrarlo en mis adentros, que tengo miedo de caer mañana y olvido vivir el momento.
martes, 25 de noviembre de 2014
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