Me extravié en la locura de la excepción a la cordura y dejé vagar mis pesares para que se perdiesen entre las bellas ramas de tus árboles.
Y topándome en el camino con tus lunares, escuché cortejos quizás mendaces o quizás sinceros y me dejé embolicar por ellos...
Seguí caminando entre las esquinas adoquinadas de tus caderas en busca del cárdeno brote de asfixia que dejase mudo mi aliento,
y supe entonces que la recompensa del placer no era más que un suspiro pasajero,
un viaje entre las curvas de un cuerpo extranjero,
una sensación de pleno presente e insignificante futuro,
de vago recuerdo pasado,
cobijado en nuestra máquina del tiempo.
viernes, 15 de enero de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario