Por cejas dos torbellinos
y su labio es un seismo,
que se agita si le hablo,
me mira, le beso o suspira.
De sus barbas nacen chispas
si me roza las mejillas,
rojas, bravas, miuras, ¡mías!
Me gusta cuando calla
porque está como ausente,
y sin buscarlo de nuevo le hallo
a mis ojos amarrado.
Si el aire tuviera boca,
contaría mis suspiros
en lengua romance de un solo filo.
martes, 15 de noviembre de 2016
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