martes, 2 de octubre de 2007

De los inconscientes parásitos de la locura







Lo vio a lo lejos, agolpado entre la densa multitud. Fue tan sólo un instante y segundos más tarde desapareció.

Era el día de la fiesta nacional, la plaza estaba colmada de bellas damas y majestuosos caballeros, quienes recordando la emoción de su primera gala, invitaban a sus esposas a bailar. El vino y el renombre de un día tan marcado para la aldea irlandesa de Galway hicieron posible que se respirase durante unas horas un ambiente agradable al mismo tiempo que desconocido, pues el duro trabajo que requería una economía autosuficiente y la espesa rutina a la que estaban sometidos, influenciaban la personalidad de los vecinos haciendo de ellos gente ruda, arisca y obstinada.

Y de pronto, volvió a cruzar su mirada con esos ojos azules, intensos y profundos, unos ojos anhelantes y hambrientos de inquietudes... y de nuevo gozó durante esos instantes de lo que en sus libros ya había podido disfrutar desde un segundo plano, de el amor a primera vista.

Julia tenía diecisiete años y desde pequeña había recibido una estricta educación religiosa. Pocos aldeanos se escapaban de la norma, y los que lo hacían, terminaban siendo juzgados por el Tribunal de Oficio, cuyos castigos intolerantes, estaban a la orden del día. Por ello, los habitantes, procuraban ser discretos y obedecer las ordenanzas que cada domingo el predicador anunciaba en la iglesia.

Y siguió observándole. Inquietud. Ese sentimiento tan cercano que afloraba en su joven y potente corazón se reflejaba en la mirada de aquel galán disfrazado de sensación.
Y haciéndose hueco entre el gentío hasta rozar la mano de Julia, el anhelo de esa intensa mirada le invitó a deslizarse al son de las dulzainas y gaitas.
Inconscientes parásitos de la locura…




Continuará...o quizás no.

1 comentario:

anónimo 4 dijo...

Saludos, bestia salvaje del espacio. Mira a tu alrededor puedo aparecer convertido en un insekto o un extraño gesto en un camino.
Saludos, eres muy linda.