sábado, 17 de noviembre de 2007

De la mujer que supo mirarme





Ella era la mujer de piedra.
Su corazón era de acero, pero su mirada escalofriantemente cálida...
No sentía dolor, ni calor, ni frío. Si la tocabas no sentía placer. No conocía el amor ni la pasión.
Ella era la mujer de piedra.
No sentía los besos, ni la lluvia, ni la soledad. No sentía el cariño, ni tampoco sentía felicidad, ni tristeza.
Simplemente observaba...observaba y hacía arder... simplemente.

Hoy daría lo que fuera por ser la mujer de piedra...

4 comentarios:

Cauac dijo...

Me recuerda demasiado a mí. Supongo que a todos nos recuerda demasiado a nosotros mismos.

Un soplo de aire libertario...

Elliot Calixto dijo...

Yo conozco una chica que vende piedras, rocas de 30 soles, su posicionamiento es cercano al río y su publico es la escoria.

Vicios del Rimac.

América Scarfó dijo...

Pero el río Rimac no sonríe más. Y tampoco llora. Está seco, muerto.

¿Y qué sorpresa es esta?

Así está toda la ciudad. Todas nuestras vidas, todos los demás. Todos los deseos de los fieles consumidores, y de los sumisos productores, aspiran a lo mismo. Todos, aún que lo duden, aspiran a lo mismo. Todos quieren ser piedra.

Piedra, papel o tijera.

Pero, son humanos, aunque lo detesten. Y siempre pierden, por que nunca podrán serlo. O quizás en algún "momento" llegue el "momento". Allí será demasiado tarde para el arrepentimiento. Quizás nosotras y nosotros y estemos muertos, pero siempre con la sonrisa amenazante en el rostro. O quién sabe..

Yo dijo...

Anhelamos ser de piedra porque odiamos la piedra ¿se han dado cuenta? eso es...
se odia el mundod e piedra, seco, aspero y duro que azota. Simplemente porque hay algo de magia, de ilusión, de pasión, de destellos, de luz y de amor. Porque eso le pasa a quienes aun nacen con corazón.

PD. los seres de piedra buscan un donante de corazón. ¿Alguiens e ofrece?