domingo, 3 de noviembre de 2013

10.54 AM

Aunque las saetas aceleren, ralenticen o detengan su paso, siempre serán las diez y cincuenta y cuatro.

Podrá soplar el viento
y borrarme el pensamiento,
podrán crecer las flores
evocándome nuevos olores,
podré vivir cien años de soledad
o una concurrida eternidad,
podré probar mentes y besos
y bocas y sexos,
podré entre tanto escribir
versos bellos y perversos.
Podré enamorame, desenamorarme
y al instante marchitarme,
podrá quemarme tu ausencia
y podré luchar a conciencia
y sin embargo,
nunca nada habrá pasado
porque el reloj seguirá marcando
las diez y cincuenta y cuatro.

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