jueves, 5 de diciembre de 2013

SOCIEDAD ENFERMA

Concibo la sociedad como un cuerpo humano, dotado de órganos, siendo uno de los imprescindibles para su funcionamiento, la ética, que sin embargo está enferma.
La ética es aquella rama de la filosofía que se ocupa de discernir el límite entre el bien y el mal, o quizás, mejor expresado, trata de discernir lo que en el ámbito de del comportamiento humano está considerado como correcto y lo que se considera incorrecto.

El ser humano nace con una mente amorfa, que poco a poco va adquiriendo forma a partir de lo que ve, lo que oye, lo que huele, lo que gusta, lo que toca y en definitiva, lo que siente.

Digamos entonces que la educación juega un papel esencial en la sociedad a través de la mente de los sujetos; la materia prima son los cerebros por formar y los cerebros deformes en ideas y pensamiento son el virus que ataca a nuestro órgano vital. Pero difícil resulta educar cuando los más pequeños no son tratados por sujetos profesionales sino por sujetos profesionalizados. Existen dos formas de comer el plato servido en la mesa; una de ellas es engullendo hasta saciar el hambre y la otra consiste en comer saboreando y obteniendo siempre e incluso en muchas ocasiones, antes, el mismo resultado. En la primera forma se persigue el fin, en la segunda se estudia el medio para la obtención del fin.

La clave para enfocar la enfermedad que tratamos desde mi punto de vista está en el postulado de que no todo lo que se puede se debe hacer. Vivimos en una sociedad en la que los límites han sido lujuriosamente desdibujados porque el ser humano es el depredador por excelencia de la comodidad y del placer.

Pero incluso tras haber obtenido el objetivo buscado, tras haber educado y por consiguiente sanado el órgano afectado con la medicina acertada, incluso después de haber formado individuos con valores, frente a todo este entramado teórico puede presentarse una práctica turbulenta. Circunstancias actualmente tan reales como la necesidad, por ejemplo, que no solamente hacen que el ingenio se agudice sino también que la correcta moral se deje a un lado ante esa sensación de carencia conjugada con el deseo de satisfacerla. Y ya sabemos que un deseo satisfecho es el comienzo de una sensación de insatisfacción infinita que conlleva una ardua búsqueda de placer que jamás resultará ya satisfecho de nuevo por completo.

Por eso llego a la cruda conclusión de que la sociedad nunca va a curarse en su totalidad, siempre estará enferma porque el ser humano es imperfecto y moralmente débil y por lo tanto el único tratamiento efectivo es la búsqueda de la cooperación individual en los ámbitos más reducidos y cercanos que podamos crear o en los que estamos inmersos, principalmente la familia. Y sólo de esta manera, partiendo de un foco sencillo con pretensiones caseras y perfectamente alcanzables en su máximo exponente, podría lograrse una sanación real.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Visión pesimista pero cierta... Me ha gustado Anita, un placer.