sábado, 29 de marzo de 2014

Ello, Yo y Superyó

Ellos eran, recíprocamente, depredadores, pq uno era el alimento del otro y a la inversa. Necesitaban odiarse, o amarse, pero en la profundidad más oscura de esos términos.
Un punto intermedio inundaba su ser de una insuficiencia que acariciaba el llanto y rasgaba el placer. Eran como el pie izquierdo y el zapato derecho, como un paraguas en un día de sol, como un folio vacío y una pluma sin tinta.
Nadar en contra de la marea de lo políticamente sensato, se había convertido en su modus operandi. La luna dormía de noche y el sol se escondía de día. De ahí que el paraguas recobrara su utilidad en un día soleado y el zapato derecho consiguise encajar en su pie izquierdo.
Pero todo ello fue lícito el tiempo estrictamente necesario para que éste se exprimiese a sí mismo. Y una vez exprimido, de él se desprendían gotas de segundos y minutos que se deslizaban por un suelo marcado de pisadas de tanto amor y tanto sexo, de tanto placer y dolor, de tan intensa perfección e imperfección. De tanto entonces y de tan poco ahora, que ya no existía espacio en sus almas para tanto vacío, ese vacío propio de una situación de pendencia,propio de punto intermedio.

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