Ellos eran, recíprocamente, depredadores, pq uno era el alimento del otro y a la inversa. Necesitaban odiarse, o amarse, pero en la profundidad más oscura de esos términos.
Un punto intermedio inundaba su ser de una insuficiencia que acariciaba el llanto y rasgaba el placer. Eran como el pie izquierdo y el zapato derecho, como un paraguas en un día de sol, como un folio vacío y una pluma sin tinta.
Nadar en contra de la marea de lo políticamente sensato, se había convertido en su modus operandi. La luna dormía de noche y el sol se escondía de día. De ahí que el paraguas recobrara su utilidad en un día soleado y el zapato derecho consiguise encajar en su pie izquierdo.
Pero todo ello fue lícito el tiempo estrictamente necesario para que éste se exprimiese a sí mismo. Y una vez exprimido, de él se desprendían gotas de segundos y minutos que se deslizaban por un suelo marcado de pisadas de tanto amor y tanto sexo, de tanto placer y dolor, de tan intensa perfección e imperfección. De tanto entonces y de tan poco ahora, que ya no existía espacio en sus almas para tanto vacío, ese vacío propio de una situación de pendencia,propio de punto intermedio.
sábado, 29 de marzo de 2014
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